Cuando uno piensa en las vacaciones piensa en descansar, en una playa paradisiaca o en perderse en medio de las montañas. Cuando un motero piensa en vacaciones, piensa en largas jornadas sobre su burra, carreteras interminables, curvas y paisajes desconocidos.
Por esto último llevamos decidiéndonos los últimos años mi mujer y yo: coger algo de ropa, lo indispensable, montarnos en la moto y pensar en el siguiente destino, sin pensar más allá que en la misma jornada.
No son una vacaciones sencillas, descansadas o baratas ¡para nada! pero sí son unas vacaciones que cunden. Las prisas o los horarios te los impones a tu gusto, si quieres; o bien puedes optar por no realizar planes, escoger una carretera y recorrerla tranquilamente.
Siendo justos en el caso que nos ocupa, el esbozo del viaje estaba prefijado pues teníamos un objetivo en mente: recorrer Europa. Bien, toda Europa no, conocer Praga, Viena y Budapest era lo deseado. No obstante, el fin último del viaje era "rutear" de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad.


Lunes 16 de julio de 2018

El periplo comienza el 16 de julio, con muchas ganas y descansados para poder partir antes del alba, evitando el calor y el tráfico de Madrid, salimos con alegría e ilusión hacia territorio francés. Nos esperaban muchos kilómetros en una jornada maratoniana, pero la ilusión del primer día nos permitía afrontar esta etapa con muchas ganas.



Pasamos como un rayo por "La Mancha" y Aragón (no el descendiente de Isildur, el otro, el español). Al llegar a Lérida tomamos un pequeño desayuno, un café para mantenernos alerta y calentarnos un poco pues ya se divisaban las nubes en el horizonte cercano. Cerca de Olot decidimos parar para equiparnos los pantalones de lluvia pues las nubes que divisábamos no inspiraban confianza. En Olot, justo antes de atravesar los Pirineos el cielo se no cayó encima con una fuerte tromba, por las calles corría una riada dejando tras nuestra marcha una estela espumosa. Esa misma mañana decidimos no equiparnos fuertemente contra la lluvia porque "pa qué!" si era verano y no estaba previsto tormentas fuertes. Atravesamos La Junquera con la parte superior del cuerpo calada, el agua penetraba nuestras chaquetas de cuero, nada preparadas para el aguacero que estábamos soportando, aun así circulábamos con ánimo y bien acompañados por la majestuosidad pirenaica que nos observaba benevolente con la promesa del buen tiempo en un futuro cercano. En la frontera una equivocación en una de las salidas me impele a realizar un tramo por autopista de peaje; sin embargo, este contratiempo se convierte en nuestra salvación dado que las nubes cargadas de agua quedan cada vez más lejos de la vista por los retrovisores. Salimos nuevamente a carretera para continuar nuestro camino lejos de las largas y aburridas rectas. Ya cerca de Perpiñán paramos a comer y a buscar alojamiento para el fin de jornada... y vaya que si lo encontramos...

¡¡¡¡¡AVISO IMPORTANTE!!!!!

Nos alojamos a través de Booking.com en Coeur Urbain cerca de la estación de Montpellier, nos decidimos por este por su precio (57€) y porque, según ellos, disponía de aparcamiento. Pues bien, ni costó esos 57€ ni disponía de aparcamiento ¡una ruina de lugar! ¡no volveré a esa ciudad en mi vida! y, si Booking no me soluciona el tema del dinero, tampoco volveré a reservar a través de esta plataforma. NOS ESTAFARON VILMENTE, un alojamiento de pena, no había nadie para atenderte, no tenía ascensor, las llaves estaban en la calle, en una caja con contraseña y con la llave de nuestro apartamento por duplicado (cogí la copia para poder dormir tranquilo)... ¡no te lo pierdas! ¡estaban todas las llaves de los viajeros que no habían llegado aún! ¡un lujazo vamos! No teníamos jabón, la WIFI era hasta una hora determinada, el retrete estaba en un escobero lleno de trastos, el lavabo estaba en la habitación y una ducha que ni usamos. Encima tuvieron LA CARADURA DE COBRAR 40€ ADICIONALES por "los servicios" ¿PERO QUÉ SERVICIOS? no sabemos. En fin... sigo... el "apartamento" está ubicado en la calle 22 Rue de la Repúblique, cerca de la estación y esa era el único extra. Nada más llegar, salgo a buscar un techo para mi moto. En el primer aparcamiento público, nos decidimos por el Parking Comedy porque tenía buenas críticas y allí que me fui. En el camino, con mucho cuidado dado que la carretera se comparte con el tranvía y estos no paran si atraviesas su "territorio"... otro problema... mi móvil deja de cargar, se me estropea la clavija de carga del móvil y voy casi sin batería, pero la suficiente para llegar. Al entrar en el parking, un individuo se me acerca corriendo y en perfecto francés (ignorando mi inglés ¡cómo no!) me hace entregarle el ticket de entrada y me manda con aspavientos y malos modos a la salida, vamos, que me echa del lugar... bien, estoy en una ciudad que no conozco, sin GPS, sin batería, sin saber el idioma (y con el problema de que en Francia es complicado encontrar a alguien que quiera hablarte en inglés). En esto que me tengo que parar y mandar un mensaje a mi mujer con mi localización para que se acerque a llevarme su móvil y poder volver al "hotel" sin más problemas. Hecho esto, un nativo muy majo (esta vez en inglés) nos indica que cerca podríamos intentar dejar la moto en el aparcamiento de la estación de trenes y para allí que me voy. Entro, cojo el ticket, subo a la planta de aparcamientos y otro chico muy majo me pide que me vaya muy amablemente, le pregunto en inglés que cuál es el problema y en correcto francés me dice que "planta cero" (no existe planta cero)... en fin... que mi "pequeña" duerme en la calle esa noche, no pasa nada. Ya en el apartamento, tocan al interfono y escucho a un grupo de personas hablando español —"¡cojonudo!"— me digo, entiendo que tienen problemas para acceder a la llave (el sistema no era muy intuitivo) y bajo corriendo para intentar ayudar. Lo mejor de esta jornada fue encontrarnos con estas 5 personas, amabilísimas y encantadoras, que estuvieron charlando con nosotros y que no podremos olvidar.

Os dejo una pequeña galería con las fotos del "chollazo":

Martes 17 de julio de 2018

El martes amanece con cierta inquietud y miedo por nuestro vehículo que ha pernoctado en la calle. ¡Nada que temer! la "peque" está descansada y en perfecto estado. El cielo está algo gris y la ciudad empezaba a despertar con pereza. Con el sol a punto de despuntar en el horizonte, callejeamos por Montpellier buscando la salida y pidiendo carretera.



Nuestro objetivo más cercano es llegar a Lyon al medio día y avanzar hasta la frontera alemana por la tarde. Hay que decir que las carreteras secundarias francesas, aunque con paisaje bonito y verde, están plagadas de rotondas, al menos esa es la sensación después de las dos veces que hemos atravesado Francia en moto (la primera hace un par de año desde Burdeos hasta Bouillón, Bélgica) ha sido así. Estas carreteras atraviesan infinidad de poblaciones, esto implica viajar bastante lento. Con unos ánimos no muy altos, después de 2 horas para realizar 100km, decidimos tomar una autovía hasta Lyon. ¡Ay amigos! ¡aquí es dónde comienza el viaje de verdad! Lyon es una ciudad viva, bonita arquitectura y con amplias avenidas. Entramos por la ribera del Ródano y aterrizamos en una simpática cafetería llamada Café Lyonnais dónde nos agasajaron con un magnífico café y un riquísimo croissant en la pequeña y pizpireta terracita que disponen a la entrada. Gente maravillosa sin lugar a dudas que nos hizo mantener una sonrisa para el resto del día.

Una vez finalizado nuestro rico desayuno, optamos por continuar hacia Alemania. Nuestra intención era atravesar lo que nos restaba del territorio francés por carretera secundaria y llegar a Friburgo. El problema es, como hemos dicho anteriormente, que viajar por Francia es una tarea lenta y, llegados casi a la hora de comer creímos conveniente adelantar un poco la parada hasta Besanzón en el departamento de Doubs. Para nosotros, al menos de ruta por Francia, lo mejor es buscar franquicias hoteleras tipo "Première Classe" o "B&B" o "Campanile", que son cadenas de relación calidad-precio aceptable. En este caso, escogimos un "Première Classe Besançon" que nos incluía el desayuno y estaba bastante bien situado, cerca de las carreteras y servicios.

Llegamos a la hora del almuerzo (horario español) y, al no disponer de prácticamente ningún restaurante abierto a esas horas, optamos por el socorrido McDonalds. Descansamos un poco del viaje y, ya bien entrada la tarde, salimos a descubrir los alrededores y a cenar en el "BUFFALO GRILL BESANCON (Miserey - Salines)" donde nos trataron muy bien y cenamos muy a gustito. Nos atendió un chico muy majo que nos dejó una nota sobre la moto con la cuenta (lástima que perdiéramos esa nota :( ).

Finalmente, derrotados, volvimos a la pequeña habitación a disfrutar del descanso de los campeones.

Miércoles 18 de julio de 2018

Amanece una mañana fresquita en Besanzón, ya descansados nos acercamos con ganas a desayunar: café, croissant y zumito que nos aporta la energía necesaria para afrontar la primera parte del día.

En el horizonte se dibuja una bonita jornada, más corta (en kilómetros) y emocionante al adentrarnos en la selva negra. Para los fanáticos de los Simpsons, pasamos cerca de un pueblo llamado "Mulhouse" y estuvimos como una hora bromeando con que nadie quiere a "Mulhouse"... lo bueno de ir con intercomunicadores y con muchas ganas de comentar el paisaje que cambiaba constantemente a nuestro paso. Creo que de Bisel en Francia a Tuttlingen en Alemania fue de las mejores rutas por carretera de todo el viaje, no sólo por el verde y frondoso paisaje de la Selva Negra sino por los pueblos y soledad en la carretera en general de este pequeño intervalo del viaje. Ya bien entrados en Alemania, dejamos atrás las rotondas y pueblos que se juntaban unos con otros y damos paso a extensas planicies y largos tramos de carretera, si bien las obras en la carretera sería uno de los acompañantes perennes de nuestra epopeya.

Munich

El último tramo de viaje hasta Munich (München para los oriundos) se torna un tanto monótono en parte debido a la cantidad de camiones y obras que se van sucediendo. Al mediodía de este miércoles 18 de junio, paramos en una de las muchas áreas de servicio a descansar un poco de la postura motera y a avituallarnos como es debido: degustando una sabrosa y más que generosa salchicha alemana (sin bromas, por favore!).

Llegamos a Munich no muy entrada la tarde y, entre calles, pudimos comprobar que nos adentrábamos en una de esas ciudades en las que el tiempo no sería suficiente. Munich es una de esas ciudades donde encuentras magnífica arquitectura, museos y parques en cada esquina.

Con un tráfico denso y alguna que otra obra sorpresa, conseguimos llegar a nuestro destino: el hotel Am Sendlinger Tor, en el que, para nuestra suerte, podíamos meter la moto en un pequeño parking en el patio interior. El hotel, si bien no se trata de un hotel de lujo, es bastante agradable y cómodo. Lo principal es que sus camas son muy confortables y las habitaciones suficientes, acogedoras y limpias, igual el baño lo tenían un poco descuidado, pero ciertamente limpio y ordenado, nada que criticar. Una vez despojados de la ropa motera, de una ducha rápida y unos minutos de descanso, procedimos a pasear por los alrededores y conocer un poco esta magnífica ciudad. Lo primero era reponer fuerzas con la bebida energética de todo motero: la cerveza; y que mejor lugar que esta ciudad alemana para ello. Munich es la ciudad de origen de la "famosa" Paulaner, esa cerveza tostada ideal para aperitivo que muchos conocen. Conociendo esto, buscamos un buen lugar donde degustarla y para nuestra sorpresa la casa de dicha marca estaba a unos metros de nuestros alojamientos. Nos dirigimos pues a Paulaner Braühaus, una descomunal cervecería con un patio interior al estilo germano con un ambientazo y un servicio espectacular. Aunque sólo pretendíamos tomar una cerveza y luego recorrer un poco más las calles, la comodidad y el buen ambiente del lugar nos obligó a cenar directamente las delicias del local. Creo que fue una de las tardes más descansadas y aprovechadas de todo el viaje pues fue una desconexión total y un placer para nuestros huesos cansados.

Una vez terminada la cena y con las últimas luces del día, disfrutamos del paseo de vuelta y de la exploración local degustando un helado artesano.

Es complicado explicar las sensaciones que despiertan este tipo de ciudades: había gente, pero era agradable, había coches, pero no agobiante, podías encontrar una calle desierta, llena de árboles, de portales preciosos y arquitectura local que te llenaban de paz y tranquilidad. Sinceramente a Munich habría que dedicarle al menos una semana para poder conocer esta magnífica y tranquila ciudad.

Finalmente, y derrotados, caímos en el abrazo de Morfeo con una sonrisa en el rostro y una quietud en el alma (qué poético!).

Jueves 19 de julio de 2018

Salimos de Munich tempranito, como siempre, en dirección a Praga. Esta sería una de las ciudades "meta" de nuestra aventura y suponíamos la más espectacular de todas en el viaje. De momento, nos esperaba una jornada corta de moto y la promesa de un día extra de descanso.